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Crip y Defferencia: mutaciones del Otro en las diversidades corporales • #LacanEmancipa
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Crip y Defferencia: mutaciones del Otro en las diversidades corporales

JARR

José Ángel Rodríguez Ribas

Médico, psicoanalista y psicomotricista. Formador en Práctica Psicomotriz de la ASEFOP (Bruselas), profesor de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física de la Universidad de Gales en Málaga (EADE) y formador en la AEC Psicomotriu de Barcelona. Director del Experto Universitario en Psicomotricidad (MEDAC/UI1/AEC/ASEFOP), coordinador del Área de Psicomotricidad de la Fundación CIP en Málaga y codirector del curso «Psicoanálisis y Sociedad Contemporánea» (CFP/USE).

Crip y Defferencia: mutaciones del Otro en las diversidades corporales[1]

1.- Captatio benevolentiae: constitución de la corporeidad.

Los lazos sociales tienen esas cosas. Que basta que estés dándole vueltas a algo para que alguien llegue y te diga que nos cuentes algo sobre eso. Así que cuando fui invitado a que hablará, en mi propia isla, acepté sin pestañear. Y digo identificado a ella pues, como veremos, los cuerpos de los seres hablantes en su condición fronteriza, en sus litorales, no dejan de ser como islas, abiertas y cerradas, en medio de un espacio inmenso marítimo. La tercera consideración, es que allá cuando piensas algo, lo más seguro es que alguien ya lo pensó antes. Como el propio inconsciente, que es un saber que no se sabe que ya se sabe, un no-saber, todo lo que pueda enunciar acá no es más que la elaboración, escrita bajo un personal estilo de palabras de otros que fueron proferidas incluso bastante antes. Justo igual que el cuerpo, por cierto.

Porque la pregunta, la verdadera pregunta que no cesamos de plantearnos y por muchas respuestas que se hayan dado casi nadie parece resolver, es qué es un cuerpo. Como bien decía Lacan, tomándolo de Spinoza, el cuerpo es un “misterio” pues “nadie sabe lo que puede un cuerpo”…

Estos preliminares son los que condicionarán lo que pretendo exponer; enmarcado por las referencias epistémicas que a uno le determinan que provenien de la filosofía, la medicina, la psicomotricidad y el psicoanálisis.

Porque claro, lo candoroso sería pensar que hablamos de lo mismo cuando nos remitimos al cuerpo. Y, en segundo lugar, que la vivencia del cuerpo fue siempre igual a lo largo de la Historia acontecida cual objeto transcendente, inefable e inmutable.

Lo cierto es que, tanto cada cuerpo tiene su historia en la medida que una historia se encarna en ese cuerpo, como que existe una auténtica Historia del cuerpo. Si seguimos los ensayos de R. Sennett[2] o los volúmenes de Corbine y Courtine[3], veremos que el cuerpo se vestía, se movía y actuaba distinto a lo largo de la Grecia clásica, Roma, el  Cristianismo y así hasta la Modernidad o la post postmodernidad llegando a la actual época llamada Hipermodernidad por Lipovetsky; pero incluso la vivencia misma, la experiencia somática misma, no era similar a la actual. Pensemos, por ejemplo: ¿la caída del caballo de S. Pablo, fue realmente una iluminación revelada o más bien se puede entender como un auténtico desencadenamiento alucinatorio seguido de un delirio de destino?, ¿de cuándo datan la esquizofrenia…o el autismo mismo? Estamos tentados a decir que si, que en el fondo no dejan de ser diferentes lecturas para un mismo acontecimiento somático, la una de orden científico y la otra religiosa. Es decir, que cambiarían los síntomas, la manera de manifestarse, pero que la propia vivencia perceptiva y sensorial del cuerpo, esa sí que sería inmutable. Lo evidente es que lo que no cambia es el organismo. El ciclo glucogénico ese sí que es inmutable. Conocido o no, lo fisiológico del cuerpo tiene sus propias leyes y esas no admiten otra lectura que no sea la medición o la evaluación médica. Pero sería del todo una ingenuidad pensar que el todo del cuerpo se reduce al organismo[4]. Una cosa es que se padezca de una neoplasia, algo muy objetivo; y otra, bien distinta, es como esa lesión sea tomada personal, social y comunitariamente en un tiempo concreto. A ese cuerpo social, antropológico y cognitivo, Lacan le denominó el cuerpo Imaginario. Y otra más distinta aun, es como se viva subjetivamente, el valor que se le dé e incluso lo que cada quien haga con ella. A ese cuerpo, absolutamente particular, irrepetible e histórico, el de los nombres y apellidos de cada un@, le nombraremos cuerpo Simbólico. Por último, a las primeras inscripciones, huellas o trazos del universo simbólico sobre el organismo, a la cartografía y caligrafía libidinal de la carne, a su imposible, por su parte, fue nombrada como lo Real del cuerpo[5].

Pues bien, si  admitimos esta lógica, no habrá más remedio que colegir que un cuerpo, “eso” que llamamos cuerpo, no es más que la interrelación de lo real, simbólico e imaginario dado en cada sujeto. Y que, aunque lo real del organismo sea igual para todos, en la medida que no existen dos historias humanas iguales, porque no puede haberlas, la consecuencia será que, creámoslo o no, no existen ni existirán dos cuerpos humanos iguales, universales, en el sentido moderno del término. Y no solo cada cuerpo es auténticamente original, único, distinto y diverso, sino que tampoco los cuerpos se viven y experimentan de la misma manera según qué época. ¿Por qué? Porque cada época, como muy bien supo distinguir Foucault, tiene sus propios determinantes simbólicos, sus modos y discursos dominantes o, mejor, su marco epistemológico que, enhebrado en cada sujeto, hace que no se vivan, perciban, ni se experimenten de similar manera. Esto es lo que denominé hace algún tiempo como las mutaciones del Otro[6]y que complejiza enormemente algunas cuestiones como las que hemos apuntado[7]. Por eso, y aunque moleste a algunos, aunque sí pueda decirse que hay una ciencia del organismo humano, por mucho que nos empeñamos, no puede haber una ciencia de la vivencia corporal subjetiva… precisamente porque se trata de eso, de su subjetividad[8].

Alguien tan poco dudoso de acientificismo como el Dr J. Lacan, y ya desde 1936, trato de explicar eso tan extraño y siniestro como que los humanos puedan reconocerse a sí mismos delante de un espejo. ¿Han visto algo más fascinante que un infante de apenas año y medio haciendo morisquetas, agitando las manos o sacudiendo la cabeza delante de un espejo? ¿Y qué me dicen de los niños que huyen despavoridos de su sombra? ¿O esa señora que va a abrazar a sus nietos…y ponen cara de que irremisiblemente van a ser engullidos por una gran boca? Pues bien, Lacan retomando algunas notas de H. Wallon en su texto del Estadio del Espejo, recuerda que hay un momento en que los humanos nos percibimos como una totalidad unificada. Pero que esa unificación especular sólo se mantiene a condición de la existencia de un primer Otro que lo sanciona diciéndole: “si, tu eres ese” … para que más adelante él pueda decir “ese… soy yo”. Fijémonos en la trascendencia de todo esto: que nuestro cuerpo, el cuerpo que en cada quien sufre y goza… no es más que la consecuencia de la lectura y significantización que hizo un primer Otro, también llamado Madre, sobre esa carne venida al mundo.

Si quieren lo explico de otra manera. En la constitución de eso que llamamos Cuerpo no interviene tanto la carga genética, que también, como, sobre todo, la transmisión simbólica, histórica y familiar. No voy a entrar en quien se lleva la peor parte, pero como sabemos ese proceso de subjetivación, de inscripción de las huellas parentales en los rasgos carnales de cada quien es indisociable al establecimiento de los primeros vínculos significativos y primeras identificaciones, es decir, la construcción de una identidad corporizada. Por eso, decir imagen del cuerpo, realidad, conciencia y yo… puede ser prácticamente lo mismo. Esta es la razón por la que en puridad no podemos decir ”somos cuerpo” , aunque alguien tan reputado como Merleau-Ponty pensara que el ser de cada quien estaba en lo inefable de su cuerpo sentido, matriz de su vivencia existencial. No. Para decir “este soy yo” … se necesita un proceso de lo más sofisticado que implica tanto la capacidad de colocarme fuera de mí, conciencia e intencionalidad, pues toda conciencia es conciencia de conciencia, como poder tomarme a mí mismo como un objeto al que referirme. Por eso, repito, en puridad, más que ser cuerpos “tenemos cuerpo”: vía el Lenguaje nuestro cuerpo es tomado por alguien que lo reconoce como propio[9].

Pero les aseguro que eso que  he descrito de manera un tanto apresurada… no siempre se da así. No está para nada garantizado que ese sujeto por advenir al mundo sea esperado por algún primer Otro, tenga un lugar en el mundo. No está acreditado, tampoco, que haya alguien que le reconozca como propio pero separado diciendo “ese… eres tú”. Y tampoco nada confirma que alguien, en tanto sujeto pueda colocarse por “fuera” de si para decir…” ese…soy yo” o “este…es mi cuerpo”. “Hoc est enim corpus meum”, dicen las Sagradas Escrituras. ¿Por? Sin hacer apología de teología alguna, es verdad que fue el Verbo al trazarse, inscribiéndose, sobre la Carne el que devino en Cuerpo…a costa de tener que ceder un pequeño trozo, desprenderse de su objeto de goce, su libra de carne[10].

2.-Cuerpos fatuos.

Pasemos al segundo punto. ¿Como se presenta el cuerpo de los sujetos contemporáneos? ¿Con qué cuerpos tratamos hoy en día? Hace tiempo, en algún texto, tuvimos ocasión de hablar de lo que llamamos: “cuerpos Debilizados”[11]. Con esto no queremos referirnos a los cuerpos debilitados, sino  justamente lo contrario. Los cuerpos actuales, como bien ha señalado ese gran antropólogo del cuerpo que es David le Bretón[12], se nos presenta marcado por su estatuto de objeto en el discurso del Capital bajo dos grandes emblemas: la salud y la seguridad. Al cuerpo actual se le mima, se le venera y fortalece. Se le viste, maquilla, transforma y opera hasta el límite de insertar las prótesis que necesite. La adoración actual al cuerpo, ni siquiera en Grecia, tuvo tal consideración. Desde los tatuajes, los piercings, complementos dietéticos y vitamínicos, desde las prácticas deportivas y estéticas hasta llegar a la manipulación genética todo parece estar subordinado a un ideal de belleza y salud que sólo es aparente. Porque, justamente por lo mismo, los cuerpos jamás fueron tan exquisitos y delicados a la vez. Podríamos decir que, a mayor fortalecimiento y rigidez, mayor fragilidad. De hecho, nunca el cuerpo había sido tan “insoportable” para los seres hablantes. El deber de estar a la altura, el deber de normalización y homogeneización se vuelve insufrible para los que creen no poder llegar, en la medida que nunca se llega. No hablaremos acá de la proliferación progresiva de las patologías llamadas psicosomáticas: dismorfofobias, alteraciones del esquema e imagen corporal, trastornos de la conducta alimentaria, bulimias… o del control de esfínteres, encopresis, enuresis etc. O de la esfera tónico-motriz, hiperactividades, sincinesias, distonías, fibromialgia, trastornos de la coordinación, torpezas, impulsiones y pasos al acto, dishabilidades gráficas, manuales… Por no citar verdaderas afectaciones de órganos: desde síntomas dermatológicos, respiratorios, cardíacos, digestivos o neurológicos.

No mentemos, además, el correlato psíquico que acompañan a dichas afecciones: ansiedades, depresiones, déficits atencionales, frustración, angustia y pánico. Junto con las hipocondrías, las conversiones, las adicciones, incluso, verdaderas alucinaciones y delirios de órganos. Si a esto le acompaña la última clasificación internacional de enfermedades, el DSM V, donde casi cualquier esfera de la vida, cualquier sufrimiento cotidiano es susceptible de ser considerado una enfermedad hasta multiplicarse hasta el infinito, tendremos el cocktail perfecto para hacer de este objeto (al igual que las subjetividades contemporáneas) tanto más adorado, como decía Lacan, mayor objeto de culto cuanto más inconsistente y “debilizado” se nos presenta. Que es como decir, que, en adelante, prácticamente, no habrá patología alguna que no vaya acompañada de su cortejo psíquico. Cada vez más, las patologías de los cuerpos-hablantes son y serán somatopsíquicas[13].

Se puede entender así, que habitamos un tiempo donde los humanos reclaman su derecho a “escribirlo todo”, en el sentido de hacer acto de su goce singular —una era de Escritura generalizada[14]— donde de casi todo se puede hacer una reivindicación. De facto, podría pensarse que la sociedad, la comunidad de los humanos, tras el influjo Moderno y su promoción del sujeto se volvió más tolerante, diversa, inclusiva y múltiple. No sucede así. Justo por lo dicho antes, porque detrás de la aparente variedad y liquidez —como apuntan Deleuze, Lyotard, Debord o Sloterdijk— de las formas de amor, de trabajo, de relaciones familiares, de pareja de sexualidad etc, subyace siempre el imperativo superyoico de normalización vehiculada por los medios de comunicación y las divulgaciones sanitarias. Todo, en el llamado por Lacan discurso del Capital, está puesto para decirnos cómo hay que vivir y cuál es la mejor manera de hacerlo: sus sacerdotes son ungidos como “expertos” y su objeto de gestión, de evaluación y control, es el “capital humano” que debe ser gestionado…siempre por su bien. Desde otro costado, el odio, forma parte de nuestro proceso de humanización. Y al igual que había algo en lo humano que permite unificar los trozos de su cuerpo en una imagen que reconocemos como propia, pagando su precio, también hay algo en lo humano que hace que el goce del otro sea insoportable: porque el otro, creemos, siempre goza más y mejor que nosotros: una suerte de “envidia originaria”, pareja a la culpa, es la otra cara de la individuación, que implica que lo que sea distinto a lo nuestro, lo extranjero, sea siempre vivido como sospecha[15]. Es decir, que junto al hecho de que los cuerpos se han ido debilizando cada vez más debe añadirse que se han vuelto más defensivos con las nuevas experiencias y con los otros. En esta diversificación de lo Uno, pero también competición desaforada, no podemos olvidar las modas. Si, digo bien, modas a niveles de ideales, a niveles clínicos y a nivel social.

Vivimos entonces, en una época inédita en la historia…bastante rara, por cierto. Fascinante, crispada y, a la vez, previsiblemente aburrida y crepuscular. Donde se puede apreciar más a un caniche de raza que un niño indio con mocos, de los barrios de Calcuta, Perú o Sao Paulo. Donde conviven gays y adictos junto con ideólogos de la pureza de la raza o neohigienistas, que siguen proponiendo eliminar o modificar genéticamente las cualidades humanas en aras de eso tan espurio llamado progreso (¿de qué, de quién, para quién?…). Donde el hedonismo del disfrute momentáneo olvida todo pasado y todo futuro distintos…porque hagas lo que hagas, nada puede cambiar. Donde los Transhumanistas ponen todo su empeño en la revolución técnica como factor liberador, cuando hay otros que porfían por una vuelta a los presuntos valores llamados “tradicionales”…Una época esta, donde cualquier objeto o comportamiento puede estar en el candelero, donde se exhiben las contradicciones más flagrantes, donde la razón ya no es garantía de nada, donde se muestran las diferencias económicas del exceso más obsceno con las carencias más básicas, donde los afectos y la imagen de la pantalla tienen autentico valor de verdad, donde todo, prácticamente todo, puede encontrar un sentido que lo justifique (es el llamado por F. Berardi: “semiocapitalismo de la infoesfera”)[16].

Una época, entonces, donde el discurso del Todo-Posible del Capital, lenta pero inexorablemente, realiza su labor depredadora y enmascaradora de lo más Real que nos constituye: el tiempo, el cuerpo y la palabra. Pero sobre todo, yo diría, una época donde fascinados por la técnica los humanos se despreciaron tanto. En la era de la mayor globalización económica, cultural, mediática etc nunca los humanos fueron tan insoportables para sí y para con los otros. Es decir, se borraron las diferencias clásicas del Leib y el Korper, entre el Cuerpo “humano” viviente y el puro organismo instintual. O si quieren, que nunca estuvo tan presente la pregunta de qué es lo que convierte en Humano a alguien o, que hace que un humano sea Humano para un otro. Lo cual, no hace falta que lo recuerde, no está para nada garantizado. No por nada, la contemporánea política lo es de la gestión de los cuerpos reducidos a cosa mercantil: la movilización o la muerte de pueblos enteros en nombre del “interés” (se dice general, que esconde el de algunos, muy pocos) nos retrotrae a una dura realidad que ya se ha vuelto carnal. El neohigienismo y el postfascimo que van imponiéndose no guardan recato alguno a la hora de lanzar su mensaje segregador: “sólo merecen vivir aquellos que hayan conseguido méritos suficientes para hacerlo”.

Resumiendo: el Discurso del Capital, como auténtico contra-discurso, tiene por misión hacer desaparecer los cuerpos-hablantes[17] para producir nuevas corporizaciones neoliberales[18], tal y como desde hace tiempo insisten algunos autores, especialmente Jorge Alemán[19]. La guerra generalizada en la que estamos inmersos, esta lucha a muerte por el prestigio de lo Uno, es el más “vivo” ejemplo de ello.

3.-Cuerpos diferentes.

No se les escapa que hacia donde me dirijo en todo momento apunta hacia el cuerpo diverso, como ámbito privilegiado de los anteriores postulados. Habría que pensar que si tal suma de quejas, reclamaciones y reivindicaciones forma parte del habitual paisaje mediático y social quizás sea justamente, porque en realidad tampoco somos tan tolerantes, comprensivos e inclusivos.

La sociedad siempre toleró bastante mal lo que no fuera habitual en el sentido que da P. Bourdieu al término de “habitus”[20], como conjunto de determinaciones simbólicas e imaginarias y que van desde el estatus social hasta las marcas de uso que condicionan la manera como se construyen los cuerpos en la comunidad, o definir lo que es del orden masculino o femenino. Cada sociedad y en cada tiempo va a marcar lo que es aceptado y lo que no, lo que es enfermedad y salud, lo que es reprobable moralmente, lo que no es “nuestro” o lo que se puede y debe asumir y lo que no.

No vamos a hablar de cómo fueron considerados a lo largo del tiempo los que eran distintos, raros, deformes, extranjeros o anormales. Por eso, una de las palabras claves de nuestro actual mundo es  la “adaptación”. Desde los cuerpos deformes hasta los cuerpos subnormales. Desde los cuerpos con déficits sensoriales hasta los cuerpos que visten distinto; desde los cuerpos Queer hasta los cuerpos modificados, tatuados, disfrazados, operados; desde los cuerpos sin órganos, deleuziano, a los cuerpos trash y abyectos, desde los cuerpos emigrantes hasta los cuerpos escondidos, avergonzados, desde los otaku o ikikomori hasta el colonialismo estético de los cuerpos Barbie,s del llamado primer mundo: cuerpos, todo ellos, tan mirados diferentes cuanto menos se soporta la diferencia, lo distintivo, lo original, lo raro…

No en vano el cuerpo de los seres hablantes, se ha convertido en el centro del campo de batalla de las reivindicaciones contemporáneas. Como bien adelantaron Foucault, Agamben, Espósito, Rella, Nancy, Negri, Butler, Debord y tantos otros, vivimos tiempos Biopoliticos[21], tiempos anatomopoliticos e incluso, como algunos denuncian, thanatopoliticos. No es ya en la Historia, la tradición, la autoridad, los valores o las ideas lógicas sino en los cuerpos “afectados” o conmocionados, donde están convergiendo todas las postreras demandas al convertir el cuerpo en un supuesto dique frente a la degradación y expropiación neoliberal de los recursos subjetivos. El aborto, la tercera edad, los feminismos, la diversidad funcional, la xenofobia, los sexismos, los afectados por las hipotecas, es decir, los movimientos sociales de base, que consiguen alguna hegemonía emancipadora y antagónica, lo son porque es en la política de los cuerpos donde se produce una verdadera dislocación política y sociedad. La teoría Queer junto con los estudios postcoloniales, de género y la teoría Crip son paradigmáticos en este sentido.

Bajo la intención de integrar y adaptar, numerosos programas de inclusión educativa, sanitaria o social, a menudo se ha tratado de crear las condiciones para que cualquier sujeto llegue a estar a la altura de lo que la sociedad le demanda, facilitando los medios o recursos para ello. Por supuesto, que los beneficios de este giro son indudables y no seré quien los cuestione. Por ello, en el paso de la Sociedad Disciplinaria clásica a la del Control, hoy ya no se prescriben tanto los métodos coercitivos y violentos como antaño, como se impone un principio que resulta más dañino, si cabe: “tienes que echarle voluntad…tienes el derecho y el deber de ser como los demás”.

La pregunta que muchos se siguen formulando es: ¿eso es todo lo que la Sociedad pueda dar de sí?, ¿queda algo, aún, por fuera de la contabilidad del goce?, ¿sigue necesitada la sociedad de sostener categorías como los distintos, los no integrados, los marginados etc, para dar consistencia a su propia normalidad y homogeneidad?, ¿queda claro que todos los etiquetados bajo un determinado rasgo, quieren y necesitan lo mismo? Es más: ¿interesa algo lo que ellos mismos quieran decir, se les escucha o, peor aún, se da algún valor a lo que tengan que decir? Como vemos, la cuestión de la alteridad, la Otredad, es tocada desde en sus más íntimos cimientos cuando el sujeto es traído a la picota. Efectivamente, hemos llegado al tiempo en que la apelación a la “tolerancia” parece haber tocado techo, máxime ante la recurrente falta de disimulo de ciertos “neofascismos” que exhiben sus consignas conminatorias; pero donde tampoco sirve apelar al retorno nostálgico de supuestos valores, modernos, igualitarios, ya periclitados, porque el orden actual y su razón contable han venido para quedarse.

Por lo tanto, la pregunta que se plantea en este estado de la cuestión es la de si algo puede hacerse que no sea morir matando, adaptarse o reivindicar entre tanto ruido; si hay algo que pueda quedar por fuera de las meras descripciones derrotistas de numerosos ensayistas actuales e, incluso, si el universo simbólico, con su rigidificación estructural[22], puede dejar algún margen para que la polisemia requerida en sus procesos subjetivadores pueda horadar y conmover los cuerpos-Otros.

Uno de los más loables intentos en este sentido, es el propuesto por la Teoría Crip[23], hermana de la teoría Queer.  Como dice su autor, Robert McRuer, el término: “Crip” es una palabra peyorativa, cuyas connotaciones negativas (relacionadas con el estigma y la burla: “cuerpos tullidos”) acarreará siempre. Al mismo tiempo, crip es una palabra que las mismas personas a las que la palabra estigmatiza —es decir, personas con diversidad funcional— la reivindican y hacen suya. McRuer llama “Critical Disability” a la posición desde la cual es posible cuestionar el ideal de completa capacidad física, siendo descrita como una discapacitación consciente. Por lo que se refiere a la creación de identidades la Teoría Crip utiliza el concepto de performatividad de Judith Butler: según esto, las identidades de los capacitados se crean cuando estos tratan de parecerse al ideal del individuo capacitado físicamente (“perfecto”). Sin embargo, no se nos puede escapar que esta teoría propone un cuestionamiento del Otro a partir de la asignación de nuevas identidades confrontadas a ese mismo Otro.

De ahí que, al margen de posiciones reivindicadoras, que en última instancia perpetuarían su status quo en lugar de vaciarlo bajo otro fundamento brota lo que en su momento denominamos una ética de la Defferencia.

La defferencia, a muy grandes rasgos, consistiría en el cerco contingente e imposible entre la diferencia, como diferencia-diferida, de Derrida y lo inefable del rostro del otro de Levinas pasando por el inconsciente freudiano y el inconsciente es la política, lacaniana. Desde una política de la subjetividad corporal donde lo Común, tal y como enuncia J. Alemán, es justamente que no hay nada en común excepto el Lenguaje y la historia; de la que emerge una comunidad de corporeidades múltiples en las que cada quien, en su particular posición ética y no sin el Otro se las tenga que arreglar de la mejor manera asumiendo la responsabilidad de sus elecciones sintomáticas y la singularidad de su goce[24].

Una ética como decisión particular que no sea moral prescriptiva y adoctrinadora. Donde más allá de cualquier marca o trazo y en virtud de un deseo orientado pueda llegar a consentir o condescender el goce del otro sin, por eso, tener que inmolarse en el altar sacrificial del propio. Una ética que en su verdad apunte a ese real imposible, paradojal y contingente que nos constituye: el tiempo, el cuerpo y la palabra; en la producción de algunos de sus dispositivos —si se les puede llamar así— como: la presencia, el testimonio, la transmisión, el encuentro, el deseo, el acontecimiento, los afectos, la transferencia, la poética, el trauma…

Es bajo estas premisas que otro de los nombres que puede tomar la defferencia es la Feminidad, en el sentido lacaniano del término o bajo la aproximación levinasiana[25]: una lógica de lo Heteros, que haga lugar y acoja en su seno a eso Otro que no tiene lugar, a ese goce Otro, a la otredad extraña, extranjera, ajena, por la cual que el hecho mismo de emerger como sujeto no va sin su incompletud e inconsistencia, fundantes. En consecuencia, una ética heterofona, una alterética, en que el enunciado oracular, alegórico, indecible o enigmático adquiera toda su pertinencia en la construcción de nuevos decires para otros-Otros. Una posición heteroOtra, valga la redundancia, que ponga por delante el “me importa” de ese ser-ahí-con[26]al cuidado de los humanos por encima de todo, por si mismos y porque lo son[27]. Como el propio psicoanálisis, en la acción imposible —junto al educar y gobernar— que implica ese encuentro, el “poner el cuerpo”, el estar-ahí-con bajo lo real de la presencia es lo que marca y marcará cualquier diferencia futura posible. Defferencia es también lo ana-lógico, pues lo analógico, lo metafórico de la palabra, la letra y el cuerpo concuerdan más con la dignidad del parlêtre que metonímico y digital del número y su cuantificación[28].

“Poner el cuerpo”, fundamentalmente, al servicio del desencuentro y el malentendido, en conclusión, puede ser una buena manera de que surja otra enunciación, una alteridad Otra, un nuevo amor o, si se pudiese, un decir algo menos tonto.

Notas

[1] Esta ponencia fue escrita inicialmente para ser leída en una Jornada sobre diversidad corporal y funcional a celebrar en Tenerife (Adeje), el presente año. Presuntos problemas financieros hicieron que dicho encuentro nunca se celebrara. He querido preservar el registro oral y presencial de este texto a modo de salutación a Emancipa, a su auspiciador Jorge Alemán y a quienes la coordinan, con mis mejores deseos.

Abstract.- En esta ponencia, plantearé en primer lugar, que se entiende por un cuerpo cuando esté es tomado bajo la lógica del ser-hablante, es decir, del inconsciente. Continuaré disertando, acerca de la vivencia psicopatológica actual de los cuerpos, y en cómo al ser convertidos en un mero objeto de mercancía contemporánea, se hacen cada vez más desensibilizados y ajenos. A continuación, deberé, entonces, remitirme a las Diversidades Funcionales y como estas se han soportado respecto a los ideales de cada época. La alusión a la llamada Teoría Crip, como un intento de modificar la mirada somática desde su propio origen, será acá obligada. Para concluir, daremos una visión de lo que llamó la “dignidad de los cuerpos hablantes” bajo una ética de la Defferencia, que pretende otorgar una mirada nueva, distinta y respetuosa a las diferencias sean estas funcionales, sexuales o extranjeros. En resumen. Que el cuerpo, según como sea tomado, puede ser uno de los soportes más emancipador y subversivo que dispongamos o, por el contrario, lo más esclavizante y alienador que podamos experimentar.

[2] Sennett, Richard. 2007. Carne y Piedra. El cuerpo y la ciudad en la civilización occidental. Ed. Alianza. Madrid.

[3] Corbin, Alain, Courtine, Jean-Jacques y Vigarello, Georges. Historia del Cuerpo. Ed. Santillana. Madrid.

-2005. Historia del Cuerpo (I): del Renacimiento a la Ilustración.

-2005. Historia del Cuerpo (III): de la Revolución Francesa a la Gran Guerra.

-2006. Historia del Cuerpo (III): las mutaciones de la mirada. El siglo XX.

[4] Incluso —en la medida que cambian los determinantes del Otro, es decir, el lenguaje y la cultura, las maneras de entender la higiene, la alimentación etc— estaría por explorar las variaciones fisiológicas experimentadas en el organismo humano: está por hacer una antropología fisiológica.

[5] Como no recordar acá, algunos textos de Jean-Francois Lyotard: Dispositivos pulsionales. 1981. Ed. Fundamentos. Madrid; Economía libidinal, 1990, Fondo de Cultura Económica, México.

[6] Aunque no sea el lugar conveniente para desarrollar esta hipótesis —aunque recorra transversalmente la ponencia— partimos de la suposición que el Otro, el tesoro, la materialidad de los elementos de Lalangue y el Lenguaje (hecha de números, cifras, letras, palabras, fonemas, pensamientos, de estructuras, cadenas, fórmulas etc), en tanto no-existe (J-A. Miller), no es algo estático e inamovible sino más bien dinámico, castrado y mutable históricamente. Y si bien el inconsciente está estructurado como un Lenguaje, este lenguaje puede serlo tanto lingüístico como matemático. Desde otro lado, consideramos el Discurso del Capital formulado por Lacan, como una suerte de contra-discurso, “im”-discurso, de falso discurso, que recusando cualquier condición de imposibilidad, forcluyendo los lugares y estableciendo una cadena aritmética equivalencial de Unos, tiene por misión impedir el establecimiento de cualquier lazo discursivo. Siguiendo a Heidegger, entonces, sostenemos que con la irrupción de este discurso lo que se ha ido operando es una oscilación y balanceamiento que va desde la palabra y la letra a la cifra y el número. De tal manera que un sujeto, aunque no deja de estar inscripto bajo las especias del Leguaje, sin embargo, si que podría advenir al mundo no tanto como un objeto causa de deseo del Otro sino como objeto de goce fantasmático de un Otro, al modo de una “mercancía”. Llevando al extremo esta elucubración (que debería ser verificada) lo que sostenemos acá es que estas mutaciones del Otro que mentamos no serían tanto antropológicas —subjetividades neoliberales— que también, como radicalmente ontológicas respecto a su real. Es decir: que la irrupción del Capital en el universo simbólico de los cuerpos parlantes afectaría de pleno al propio proceso de subjetivación-corporización.

[7] Porque si bien lo real de cada sujeto predetermina la posición estructural en que habitará el lenguaje no es menos cierto que la relación con lo real, su construcción, vendrá dada por los recursos simbólicos que le fueron transmitidos en un tiempo anterior.

[8] Y entonces sólo nos quedan dos opciones epistémicas y pragmáticas: o se escucha al sujeto que porta un cuerpo, a riesgo de no ser científico… o atendemos a aquello que es universal al mamífero homínido, genética y etológicamente programado.

[9] Propiedad que nunca es inmanente, ya dada, sino como apropiación expropiada, im-propia

[10] Desde una perspectiva fenomenológica y teologal ver: Michel Henry. 2001. Encarnación. Ed. Sígueme. Salamanca.

[11] José Angel Rodríguez Ribas. 2016. «Carne Debilizada: escorzo para una ética de la Deferencia». Artículo publicado en: Aperiódico Psicoanalítico. Nº 29 . Directora: Edit Beatriz Tendlarz. En: https://mega.nz/#!zeoEQARB!jX4gqbERJpHj1qqGzoR2fRH4C7P8U_fqZTgBjJqf1QY

[12] David Le Bretón, 2006. Adiós al cuerpo. Ed. La Cifra. México.

[13] No hay más que escuchar a los profesores y médicos de familia…sobrepasados absolutamente por malestares de la vida cotidiana, que exceden con mucho la labor para la que fueron formados.

[14] Si la cifra es la letra del número, asistimos en estos tiempos a una desenfrenada escritura del goce. Quedarse a solas con el goce autístico no es más que trazar la cifra del goce, sin un Otro al que remitirse. Así, las muy diversas modalidades escriturales, elevadas al cenit, vienen a taponar la posible vía de resolución sintomática. En consecuencia…sobran amanuenses…y faltan lectores.

[15] Cómo entender, si nó, el fundamentalismo, la xenofobia, los neofascismos identitarios actuales, la intolerancia cada vez más recurrente y la Sociedad de Seguros que nos proteja de todo lo que no hayamos calculado, programado y previsto con antelación, en nuestro conocimiento o imaginación.

[16] Franco Berardi: “Bifo”. 2007. Generación post-alfa. Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Ed. Tinta Limón. Buenos Aires.

[17] Pues bien puede pasar que el sujeto, al menos como lo entendemos hasta hoy en día, termine siendo una suerte de ontología negativa: “sujeto, parlêtre, cuerpos hablantes…sería todo aquel resto, yecto, residuo, que queda por fuera de la cadena equivalencial, que el discurso del Capital aspira”

[18] José Angel Rodríguez Ribas. 2018. “Uno por Uno: el colmo del neoliberalismo (ontología del sujeto numeral)”. Rev. On-line. ZADIG. En: https://zadigespana.wordpress.com/2018/07/18/uno-por-uno-el-colmo-del-neoliberalismo-ontologia-del-sujeto-numeral/#comments.

[19] Alemán, Jorge: 2014. En la frontera. Sujeto y capitalismo. Ed. Gedisa. Barcelona; 2016. Horizontes neoliberales en la subjetividad. Ed. Grama. Buenos Aires

[20] Pierre Bourdieu.2002. La Distinción. Ed. Taurus. México.

[21] Michel Foucault, 1990. Tecnologías del yo. Ed. Paidós. Barcelona; 2007. Nacimiento de la biopolítica. Ed. FCE. Buenos Aires; Roberto Esposito, 2006. Bíos. Bioplítica y filosofía. Ed. Amorrortu. Buenos Aires.

[22] Hablamos de “estructuras rígidas”, en el sentido que lo hace J. A. Miller al referirse a las “histerias rígidas”. Estamos tentados a decir: rigidificación significante, petrificación fantasmática y licuefacción semántica…

[23]Lo Queer y lo Crip, como formas de re-apropiación de la dignidad disidente”. DILEMATA, año 8 (2016), nº 20, 137-144 ISSN 1989-7022

[24] Jorge Alemán. 2012. Soledad: Común. Ed. Clave Intelectual. Madrid.

[25] Levinas, Emmanuel. 1987. Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Ed. Sígueme. Barcelona.

[26] De la conversación, la conmiseración, la consonancia, el consentimiento, la conformación… También en: Roberto Esposito, 2006. Bíos. Bioplítica y filosofía. Ed. Amorrortu. Buenos Aires.

[27] Donde los afectos tengan más valor las emociones, la (no)sabiduría que los conocimientos o la relación que la comunicación. Una ética que sea poe-tica: que no arroje y abandone al sujeto a las marcas o enseñas mercantiles; que no ponga por delante el saber cómo se debe vivir sino, más bien, interesarse por cómo quiere vivir el otro.

[28] Estos postulados nos abocan a un debate de mayor calado, si cabe. En la medida que el cuerpo es la sede del Otro, Lacan dixit, y que el sujeto encuentra su objeto en el Otro, es por lo que el cuerpo (im)propio sería aquel ente bajo cuyo encuentro pueden darse las condiciones de contingencia e imposibilidad, es decir, de acontecimiento. Caída toda Ontología trascendental y su consiguiente dialéctica, lo que la experiencia parece empeñada en demostrar es que es bajo lo real de la presencia que puede emerger la posibilidad de un acto que induzca algún horadamiento en la voracidad del Otro del Capital. No en vano ciertos movimientos emancipatorios sociales de base provenientes del feminismo, del movimiento LGTB, de los desheredados, de las plataformas antideshaucios, de los migrantes etc. solo pueden entenderse en la medida que se juegan (con) su propio cuerpo. Si todavía el cuerpo opone algún tipo de freno, último, a la biopolítica de las Cosas…eso estará por ver.